22 mayo 2008
Viña Tondonia Gran Reserva blanco 1981
Una de las primeras obras que me compré sobre el mundo del vino, El Vino (Nuevo Atlas Mundial) de Hugh Johnson, en su cuarta edición describía en las páginas sobre el vino español unas líneas dedicadas al Rioja Blanco, elaborados según el autor con la fresca y ácida Viura (Macabeu), mezclada con la malvasía riojana. Aún recuerdo con cariño y con la curiosidad (satisfecha) de entonces las palabras sobre la línea clásica de vinificación riojana que hacían obtener a los vinos un color dorado y un carácter liso, a través de la oxidación, y que en juventud parecían mostrarse maravillosamente pétreos y a los niveles de un buen Graves.

Con el tiempo apareció en nuestras vidas Manuel Camblor y a través de la red, sobretodo desde Verema.com, nos dio a conocer una bodega clásica riojana, que sólo nuestra ignorancia había dejado en el altillo de la memoria. Se trataba de López de Heredia y sus Tondonias Gran Reserva Blanco.

Pese a que esta debería ser una anotación dónde apuntara datos e historias sobre la bodega, sirva de recordatorio y homenaje de una memorable cata a la que tuve el placer de asistir en Valencia, juntamente con Mercedes y María José López de Heredia, invitados por los amigos de Verema.com y de la que hoy se cumplen cinco años. Para mayor homenaje (sobretodo para mi cuerpo), he abierto un Gran Reserva Blanco 1981 que se ha expresado algo más austero que la última vez que lo probé, y es que ya se sabe con estos vinos tan añejos, hay cierta irregularidad, sobretodo con determinados niveles de rellenos de las botellas. Eso sí, maravillosamente pétreo, único en su género y que debería pertenecer al patrimonio histórico enológico español (si es que no lo está ya). Ya me perdonaréis el guiño nostálgico.

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Escrito por Víctor Franco a las 23:53 | Enlace | Comentarios: 7
15 mayo 2008
The Wines of Burgundy por Clive Coates

Le tenía muchísimas ganas a este libro, pensándome que se trataba de una reedición del celebradísimo Côte d’Or: A Celebration of the Great Wines of Burgundy, pero en cierto modo el término reedición no se ajusta del todo a la verdad, aunque tampoco se aleja. Cómo no soy un crítico literario ni tampoco tengo un nivel de comprensión del inglés destacable, dejo la calificación del estilo narrativo empleado por Clive Coates para las gentes más preparadas que yo, aunque bajo mi punto de vista su prosa se hace bastante comprensible. Lo que si voy a hacer es intentaros explicar las principales diferencias entre ambos libros.

Côte d’Or: A Celebration of the Great Wines of Burgundy, editado en mayo de 1997 es sin duda una monumental obra, cuyo núcleo narrativo estriba en la descripción de la Côte d’Or, la zona central de la Borgoña, cómo ya sabréis, formada por la Côte de Nuits y la Côte de Beaune. Tras una breve introducción a la zona, inicia la primera parte de la obra donde se describen los pueblos, sus mejores viñas y unas pequeñas descripciones de los domaines que trabajan las laderas doradas. En la segunda parte, la que más salsa tiene, se presentan unos perfiles completísimos de los 61 elaboradores más destacados para el autor, mucha chicha sin duda. Y Finaliza el libro con una relación entre vendimias y notas de cata, desde 1996 hasta 1978, y a partir de aquí las mejores 15 añadas hasta 1945. 1007 páginas de una obra completísima.

The Wines of Burgundy, editado en marzo de 2008, ha seguido la filosofía utilizada por el autor, de las que el propio reconoce que ha mantenido la misma estructura, sobretodo en la primera y tercera parte, pero de las que ha ampliado el ámbito geográfico descrito. Chablis y la Côte Chalonnaise han venido a engrosar la información de la Côte d’Or. Mismo formato de descripción de las comunas, sus mejores viñedos y dominios, aunque no deja de ser curioso el que deja de banda el Mâconnais, la teórica parte más sureña de la Borgoña. Se mejora el formato de los mapas, utilizando los magníficos de Sylvain Pitiot y Pierre Poupon, presentando cómo mayor novedad los de las comunas del Chalonnaise. También es destacable la inicial introducción, que da para días y días de debate, con destacables temas comentados en lo que el autor baraja las característica necesarias para elaborar un gran Borgoña, tocando temas como la complicación legislativa borgoñona algo inamovible, técnicas de viticultura o vinificación empleadas, ya sea polémicas o no, etc., y también nos hace unos cuantos apuntes para los consumidores, tocando el manido tema de las ventanas de consumo, y no dejando de lado su opinión sobre la prematura oxidación de los Borgoñas blancos en añadas recientes.

Desgraciadamente en esta obra no se incluyen los perfiles tan completos de los vignerons y negociants, ya que el propio Coates no quería repetirse, aunque sin duda ha podido completar una correcta actualización de vendimias, ampliando el análisis hasta el año 2007, aunque sus notas de catas sólo llegan hasta el año 2003. 878 páginas de una completa obra, que sinceramente, aprovechando el precio actual del cambio dólar respecto al euro, bien vale la pena adquirir vía internet, ya que actualmente no está disponible en España.

Tapa dura: 878 páginas
Editorial: University of California Press, 2008
Lengua: Inglés
ISBN-10: 0520250508
ISBN-13: 978-052025050

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13 mayo 2008
Chinon Clos de la Dioterie 1998 de Domaine Charles Joguet

En mayo, mes de lluvias por estas tierras, es tiempo de renovación, y en ese cíclico renacer, dónde la primavera ya está bien asentada, se hace conveniente renovar experiencias y no está de más dar segundas oportunidades. Los consumidores de vino, tengamos más o menos abierta la mentalidad gustativa, siempre se nos cruza un tipo de vino, un estilo de vinificación o una variedad específica, y le colocamos una marca que le estigma. Particularmente he ido aprendiendo a disfrutar y comprender los vinos de la Turena elaborados a base de Cabernet Franc, en pleno Loira francés. Los buenos vinos de comunas como Chinon o Bourgueil, no son fáciles en juventud, bajo mi punto de vista, pese a su ligereza y frescura, con sus lógicas excepciones, dónde los perfiles vegetales tapan la buena fruta equilibrada y necesitan botella para expresarse en plenitud.

Poco a poco, después de preguntar a amigos con criterio dentro de la zona, probar e ir descubriendo botellas y viñas, he ido comprendiendo en pequeña medida lo que hay detrás de una botella de la región. Nombres como Philippe Alliet, Bernard Baudry, Pierre Breton o Charles Joguet son, entre otros, referentes, cada uno en su estilo, de un nivel cualitativo excelente.

El Domaine Charles Joguet gestiona 39 hectáreas, entre las que se encuentra algunas de las mejores parcelas de Chinon de Cabernet Franc (o Breton, como se conoce regionalmente), como son Clos du Chêne Vert, Les Varennes o Clos de la Dioterie. Este último pago, con una extensión de 2 hectáreas de viñas muy viejas, está situado en suelos profundamente arcillo-calcáreos, y cuyo fruto fueron vendimiados a mediados del mes de octubre de 1998, ya que suele ser la última parcela en vendimiarse por parte del domaine, por su orientación nordestina.

Vinificación iniciada con cuatro semanas mínimo de encubado, empleando temperaturas entorno a los 36° C, con la aplicación de remontados y pigeages para una mayor extracción. Finalizada la fermentación alcohólica, y tras realizar la maloláctica, crían el vino en barrica usadas, variando la prolongación en ella entre 6 a 11 meses.

Su visual le delata abierto y con una presencia ligera, de tonalidad granate, mostrándose deliciosamente complejo en nariz, con una intensidad media-alta, con los aromas de tierra seca, especiados, cueros y grosella se entrelaza con un fondo ligeramente animal, cómo si tuviese un principio de afectación de Brett, que lejos de estropearlo, le amplia matices de complejidad. En boca ya se muestra bastante equilibrado, con un tanicidad tolerable, y de sensaciones ligeramente sedosas. Buena retronasal y final bastante prolongado, apreciándose un perfil más vegetal. Un Chinon equilibrado y bien trabajado, 91 PF.

Me topé con esta botella en L’Excellence al precio de 25 euros, por lo que me pareció correcto pagar esa cantidad, ya que es difícil encontrar por Barcelona un Chinon con casi diez años de botella.

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13 marzo 2008
“12 autores y sus vinos” en Can Ràfols dels Caus (Edición 2008)

Semana grande del vino en Barcelona, sin duda, dónde entorno a la Alimentaria se han dado cita varios de los actos más esperados por todos los enochalados de la ciudad. Uno, La Música del Vi, celebrado el lunes, magníficamente organizado por el equipo de Vila Viniteca, dónde tuvimos el placer de degustar una magnífico elenco de bodegas, tanto nacionales como internacionales. Y el martes, desde la apasionante bodega del Penedés, Can Ràfols dels Caus, que está en plena reestructuración de sus instalaciones técnicas, y que magníficamente organizó junto a Paco Berciano. Me permitiréis que os haga unas pequeñas pinceladas del evento, ya que pudimos charlar y probar vinos junto a doce destacados autores de vinos:

Domaine Dujac:

Decidimos empezar por los armonioso Côte de Nuits que Rosalind y Jacques Seysses, que muy agradablemente servían, casi tanto como el estilo de sus vinos. Probamos un Chambolle-Musigny 2005 que parece mostrar los buenos signos de la añada, sirviendo también una minivertical de Clos de la Roche, un Grand Cru del que apenas vinifican menos de 2 hectáreas. Fue curioso ver el juego entre el otoñal 1997, el poderoso 1999 y el menos delineado 2001. Particularmente me quedo con el 1999.

Domaine Josmeyer:

Jean Meyer trabaja en una línea de vinificación intermedia en el estilo alsaciano, a medio camino entre los buscadores de la opulencia por lo residual y los que buscan la profundidad mineral en su vertiente más seca. Una rareza como su Pinot Auxerrois 'H' Vieilles Vignes 2005 (H de Hengst, el Grand Cru de dónde proviene) queda bastante palidecido frente a las bondades de sus rieslings secos, destacando en un nivel medio de precios Les Pierrets 2002 y, en un rango superior, el Grand Cru Hengst 2004. Algo por debajo el Pinot Gris Brand Grand Cru 2004, algo dulzón, pero con buen nivel cualitativo. Sus Vendages Tardives, tanto en su versión Gewürztraminer como Riesling, provenientes del 2001 y del pago Hengst, son toda una muestra de longevidad, pese a que su GW se mostraba ya muy accesible.

Weingut Nikolaihof:

Christine Saahs, una mujer que aportaba caretillas de afabilidad, nos dio a probar un magnífico segmento de sus vinos, pero es curioso como se comportaron el Grüner Veltliner Smaragd Im Weingebirge 2006 y el Klausberg Riesling Privatreserve 2005, recién abierto no nos llamaron la atención, pero recatados con aireación y comida fueron subiendo muchos enteros, muchos. El Riesling Steiner Hund 2004 es un bebé por hacer, pero que parece mostrar muy buenas maneras de futura evolución y el Grüner Veltliner Vinothek 1991, del que ya hemos disfrutado alguna botella, se mostraba esplendoroso. Pese a que no me acabó de convencer, el Grüner Veltliner Auslese Süssenberg 1999, también fue una clarificadora tarjeta de presentación para sus dulces. Al final de la velada también apareció Nikolaus Saahs, alma de la bodega familiar, a quién intentamos transmitir nuestra admiración.

Weingut Dr. Bürklin-Wolf:

Un rieslingadicto me habría caneado, pero apenas probé ninguna referencia de esta bodega del Palatinado, motivado por tener tan cercano la más profunda presentación de Vins Alemanys en Girona, decidiéndome a abstenerme de sus bondades y me reservé las anotaciones mentales para un Wachenheimer Rechbächel Auslese 1998 aparecido durante la comida y servido con una tabla de quesos. La combinación, genial.

Domaine Alain Graillot:

Un buen fisonomista destacaría del carácter físico de Alain Graillot su porte de hombre de campo, franco y sin florituras, pero detrás de ese porte hay uno de los más finos elaboradores del Ródano sur, aunque cómo todos los grandes, su trabajo empieza en la viña. Su Crozes-Hermitage 2006 es como un paseo por el campo mediterráneo en primavera, fresco, con aromas especiados, cargando el ambiente y sintiendo una sensación deliciosa de equilibrio frutal. Gran vino a precio comedido. Su Crozes-Hermitage 2001 se muestra más complejo, con un nivel alcohólico comedido, y con una estructura magnífica. La Guiraude 2005, selección de las mejores barricas, es el bombón que remata los vinos presentados. Un Ródano que rompe estereotipos y lanzas a favor de la Syrah.

Elisabetta Foradori:

La elegantísima Elisabetta Foradori dio a probar los dos Teroldego Rotaliano que elabora desde Mezzolombardo, uno de los pueblos más hermosos del Trentino, y consecuentemente de la vieja Europa. Su Foradori 2005 es una buena piedra de toque para iniciarse con la Teroldego, con una buena carga frutal. En cambio, pese a reconocer las bondades de su Granato 2004, su mayor densidad le resta algo de tipicidad (valiente afirmación, motivada sin duda, por la ignorancia).

Contino:

Chus Madrazo, nos mostró su buen trabajo con su Contino Reserva 2004, que pese presentar algún aporte alcohólico excesivo, el efecto de la botella que le falta augura un vino finalizado muy interesante (le faltan unos meses de botellero). El Viña el Olivo 2005 y el Graciano 2005 también se mostraron intensos, directos, sobretodo el Graciano, pero viniendo del día anterior, de la Música del Vi, dónde las papilas pudieron someterse a una buena centrifugadora tánica con varias referencias riojanas probadas, los vinos de Chus se mostraron con un contenido equilibrio, edificados por una magnífica acidez.

La Stoppa:

Elena Pantaleoni triunfó con su Vigna del Volta 2006, un Colli Piacentini Malvasia Passito delicioso, hasta aquí todos de acuerdo. El gran debate surgió con sus tintos Macchiona 2003, Stoppa 2003 y Gutturnio 2006. Unos los definían como internacionalistas y otros, tres elementos con origen al sur de Despeñaperros, les parecieron muy personales. Como tengo amigos en ambos lados, no seré yo quién les contradiga ni les dé la razón.

Château Palmer:

Aquí, Thomas Duroux dio a probar sus Margaux, al que sobretodo el Château Palmer 2000 le queda bastante tiempo en botella para disfrutarse. Buena nariz, pero con esa estructura tánica tan marca de los Mèdocs del 2000.

Pegaso Barrancos de Pizarra:

De los vinos que produce la compañía de Vinos Telmo Rodríguez en Ávila, pudimos probar una vertical desde la última añada en el mercado, la 2004, pasando por la cálida 2003, haciendo fonda y parada en el 2002, que se comportó como una magnífica Garnacha y finalizando con el inicial 1999, menos complejo y agradable que su hermano menor. Buenas garnachas de este proyecto común entre Telmo Rodríguez y Carlos Sainz en Cebreros.

Quinta do Crasto:

Del Douro, los tintos robustos, carnosos y con un punto floral delicado, que nos dio a probar Miguel Roquette, destacando el Touriga Nacional 2005 y el Vinha Teresa Maria 2005, dentro del estilo de vinos de la zona.

Una magnífica jornada rematada con una comida de altura, celebrando unos cuantos enochalados una recata privada (nos hicimos fuertes a los pies de la escalera), reprobando los vinos de la presentación, teniendo la oportunidad de dar más tiempo en copa y jugar con la aireación; cuyo objetivo es la contextualización de lo vinos de la bodega de Avinyonet entorno a 11 grandes elaboradores.

Para cuando salíamos de allí, aprovechando que fuimos de los pocos que aún no habíamos visitado las nuevas instalaciones para dar un paseo por el interior de las nuevas instalaciones técnicas de la bodega. El ver como se ha rematado la obra será la excusa perfecta para volver.

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Escrito por Víctor Franco a las 20:17 | Enlace | Comentarios: 8
07 marzo 2008
El espectáculo Jay Miller y el giro a Rayas

Ya estamos otra vez. De nuevo sale el listado de puntuaciones de The Wine’s Advocate sobre los vinos españoles y el panorama enochalado se altera. Todos tenemos una opinión sobre la labor de Jay Miller (Con el permiso de Parker) y el efecto de sus altas puntuaciones sobre el vino (tinto sobretodo) español. Aunque muchos productores y distribuidores van a sacar un buen rédito a las mismas, particularmente como consumidor tengo una visión agridulce sobre el posible efecto inflacionista del mismo. Por un lado, no soy un consumidor excesivamente patriótico, intento tener un consumo lo más diversificado posible, siempre recalando en los puertos más seguros (Champagne, Borgoña, Mosela, Nahe, Jerez, etc.) y cada vez me afecta más el incremento de la demanda de este tipo de vino, que hace que no pueda comprar más del vino que antes compraba sin problemas. Las valoraciones de Jay Miller van hacer, me hacen pensar inicialmente, que uno de los mercados más exigentes de consumo del vino descubra zonas y productores que antes no tenía como objetivo de sus compras, dándose una posible flexibilidad de la demanda sobre las otras zonas más reconocidas por el mercado anglosajón. Por otra parte, desengañémonos, la base de la pirámide del consumidor de vino a nivel global ha aumentado sobremanera y el posible efecto positivo que pueda producirse, queda totalmente sobrepasado por el peso increccento de los mercados emergentes. Una lástima, pero sin duda somos parte y afectos de este efecto.

Pero volvamos al listado. Un nombre, entre muchos (demasiados para mi gusto) ha salido a la palestra. Espectacle del Montsant 2004, una pequeña producción, viñas centenarias de garnacha (vendida por Michael Skurnik como L'Ermita del Montsant), enólogos famosos (René Barbier y Fernando Zamora) bajo el auspicio de Christopher Cannan, todo regado con un 99 PP. El propio Quim Vila lo describía como una antítesis de lo que nos aportan los vinos del Priorat, con la finura como seña. Todo para que un vino recién nacido se ponga a la altura de las grandes garnachas del Mediterráneo, sobretodo las de Chateauneuf-du-Pape. No seré yo quién critique las bondades de este vino, ya que por desgracia (o no), no he tenido la suerte de probar pero sírvame este giro para relataros el encuentro con una de las grandes Garnachas, con mayúsculas, del Ródano, dónde teóricamente se refleja este Espectacle (le daremos el beneficio de la duda, pese a su precio).

Dónde otros ya nos han aportado mucha luz, poca información más puedo aportaros yo de los Reynaud, más que describiros lo que me encontré en este Château Rayas 2001, nacido de las manos de Emmanuel Reynaud, de visual borgoñona pero con un carmín más rojizo, presentando una capa bajísima. En nariz se muestra especiado, tamiz de toques férricos y algo de fruta algo cautiva, un carácter nasal que pese a mostrarse ciertamente reductiva por momentos, agradece sobremanera una buena oxigenación, apareciendo los florales. Finura y matices delicados como seña de identidad de su terroir. En boca es todo elegancia y estructura, siendo firme en el paladar pero satinado en textura. Muy buen balance en el paso, edificado en un consistente esqueleto. Pese a estar en una zona temporal peligrosa, la botella en cuestión no parece presentar atisbos de cerrazón ni pasar por fase boba. Una magnífica seña de la posibilidad de elaborar un vino fino y elegante en el Mediterráneo, 92 PF.

Aquí la fama, trayectoria y las bondades de los Rayas, sobretodo anteriormente al año 1995, última de la vinificaciones del desaparecido Jacques Reynaud, hacen de los vinos de Château Rayas uno de los mitos del mundo del vino, lo que hace encarecer sobremanera sus precios.

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Escrito por Víctor Franco a las 12:56 | Enlace | Comentarios: 2
15 febrero 2008
Naturala Vinis

Al hilo de los vinos naturales de la Ferme de la Sansonniere me comunican que el próximo 3 de marzo, a las cuatro de la tarde, tendrá lugar una miniferia en la tienda gracienca de L’Ànima del Vi, dónde contarán con algunas de las bodegas involucradas en este movimiento, cada vez más extendido, de los vinos naturales en nuestro país. A la espera del listado definitivo de bodegas asistentes, dónde seguro estará Laureano Serres y sus vinos de la Terra Alta, sabed que podréis entrar con la simple presentación de una invitación.

Según la misma filosofía de Benoît Valée, no pretenden tener la verdad sobre el vino, solamente defender una cierta manera de pensar en la viticultura y la enología, para proponer vinos auténticos, vivos, sanos y digestivos, que reflejan los múltiples lugares donde han nacido, con el respeto a nuestro entorno, del viticultor y del consumidor. Habrá que comprobarlo…

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13 febrero 2008
VDT Rosé d'un Jour 2006 de La Ferme de la Sansonniere
Las circunstancias que nos rodean dan motivos para pensar que la vida es un pañuelo. Hace poco asistía a una cata dónde el objetivo de la misma era la Chenín Blanc, y uno de los vinos secos que marcaron la velada fue uno de los más apasionantes viticultores de Anjou, Mark Angeli. Se trataba de Les Vieilles Vignes des Blanderies 2002, un vino contundente por boca, pero preciosistas en nariz. Los vinos blancos de la granja (Ferme) de la Sansonniere son ya unos viejos conocidos por estos lares, primero de la mano de Lavinia, y ahora gracias a la labor de Coalla Gourmet.

Una paleta de pagos de gran densidad de plantación, con viñas, algunas de ellas en pie franco (pese a que hace poco, según un amigo que visita la zona tuvo de replantar la viña “en foulé”, ya que se vio afectada por la filoxera). El espíritu librepensante de Mark no para y ahora está experimentando con la reproducción sexual de la planta (vía semilla) dejando algo de lado la vía asexual (injerto). El asunto va en relación al tipo de raíz que genera la semilla, menos propensa a verse afectada por el parásito. Mi falta de conocimientos en viticultura hace prudente aquí dar un paso hacia atrás y esperar a ver dónde queda esta experimentación.

Pero volvamos al pañuelo. En Directo al Paladar nuestro amigo Calamar, nos hacía llegar un curioso video dónde Mark Angeli nos explicaba como afectaba la botrytis cinerea a su Groilleau Gris y podía así elaborar este rosado abocado.


Mark Angeli : viticultor biodinámico(en francés)
Descargado por caillouvert

El amigo Pisto, apasionado también por los vinos de la Sansonnière, fue el primero que levantó la liebre con la existencia de este Vin de Table. En una visita a la bodega lo probó y nos contó las bondades de esta hectárea, dónde abunda la Groilleau (o Groslot) Gris, cultivada con métodos biodinámicos, certificado con el sello Demeter, y cuya recolección para esta añada tuvo lugar el 4 y 5 de octubre del 2006, vinificado en dulce y sin añadido de SO2.

Una visual preciosa, subida y brillante, con un rojo que recuerda al Bitter Kas (perdón por la publicidad). Su nariz ya deja claro sus orígenes, fruta muy madura, casi licorosa, como si flambearan unas moras con coñac, azúcar moreno y algunos matices herbáceos, sin percibirse descompensado por dulzor. En boca es goloso, con nervio, denso pero sin una viscosidad excesiva. Paso jovial y fresco, al que podemos acompañar con comida estilo Thai o muy especiada, o con una buena tabla de quesos (Pisto dixit). Un rosado diferente, atípico y escaso. Sin duda, un fetiche para los enochalados, 89 PF.

Como decía antes, su importador Coalla Gourmet trae una buena selección de sus vinos blancos, muy recomendables por cierto, pero por desgracia no traen este rosé y mi botella salió de L’Ànima del Vi por unos 15 euros. Para finalizar, una frase de Aristófanes que aparece por la parte interna de la etiqueta: Eduquer, ce n’est pas remplir un vase, c’est allumer un feu.

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Escrito por Víctor Franco a las 11:00 | Enlace | Comentarios: 10